Mindfullness

Prevención de recaídas en conductas adictivas basada en mindfulness

El programa de Prevención de Recaídas basado en Mindfulness, de ahora en adelante MBPR que impartimos en NOA tiene el propósito de disminuir la probabilidad y severidad de las recaídas en pacientes con conductas adictivas. Como es un programa que se basa en su antecesor, el programa de prevención de recaídas, acopla algunos componentes como son la identificación de los factores individuales de riesgo y los antecedentes de recaída, basándose en prácticas formales como las meditaciones sentadas, en las que se expande la consciencia así como la exposición a experiencias cognitivas y emocionales, y en prácticas informales para incrementar la consciencia y flexibilidad conductual en el día a día.

  • Las intervenciones con mindfulness y relajación logran reducir el malestar como el estrés y ansiedad y aumentan estados emocionales positivos.
  • El entrenamiento de mindfulness favorece el incremento de la habilidad para reducir los pensamientos distractores y obsesivos así como conductas compulsivas.
  • Gracias al entrenamiento de una observación y atención objetiva libre de reacción, es decir sin juicio ni análisis, puede favorecer que los cambios puedan perdurar más en el tiempo.

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    El programa tiene la finalidad de buscar que los usuarios encuentren por sus propios medios la forma de hacer frente a los impulsos o craving (deseos de consumo) por consumir de una manera que adopten alternativas que mejoren el bienestar y estilo de vida. El problema identificado, es que aunque la persona conozca cuáles son sus opciones, habitualmente tenderá a optar por la conducta de consumo de una manera compulsiva incrementando la probabilidad de desarrollar una recaída. Una gran parte del problema de la conducta adictiva reside en la dificultad que se origina en el desacoplamiento de redes neuronales que gestionan dicha modulación emocional y de los impulsos fisiológicos.

    Viktor Frankl y su célebre frase “Entre un estímulo y respuesta hay un espacio, en ese espacio está nuestro poder de elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta se encuentra el crecimiento y libertad”, pone de manifiesta la posible ventana de intervención que ofrece el mindfulness. La práctica de mindfulness incrementa la consciencia de este espacio y crea la oportunidad de responder hábilmente en vez de reaccionar automática y habitualmente de forma reactiva o compulsiva. MBRP cultiva la habilidad de pensar, observar la experiencia presente y utilizar la consciencia plena para las diferentes  elecciones que se ofrecen en cada momento. Además, es una integración de los tratamientos de orientación cognitiva conductual de prevención de recaída que incluyen el mindfulness como pilar, desarrollando así una postura más objetiva, de aceptación sobre las experiencias y fenómenos desafiantes que atañen al proceso de recuperación en las cucductas adictivas.

    Como se ha descrito anteriormente, la práctica del MBRP se basa en dos ejercicios, la practica formal guiada por un facilitador con entrenamiento y suficiente practica personal para poder facilitar el entrenamiento del mindfulness con los componentes fundamentales como lo son la aceptación, la comprensión y la compasión. La segunda práctica es la informal, en donde requiere la atención y concentración en el momento presente tomando como objeto de práctica una acción, conducta, o tarea del día a día. El objetivo de esta segunda práctica es que la persona pueda comprender cómo la mayoría de las acciones se ejecutan de manera automática, no consciente, como por ejemplo, el caminar, el cepillarse los dientes, el ducharse, el tomar el café, etc. La idea es que para poder romper una conducta compulsiva y de hábito, la persona tiene que desarrollar suficiente práctica en romper el procesamiento automático en conductas neutras como las descritas para así tener mayor habilidad en poder influir en aquellas conductas impulsivas relacionadas con el consumo.

    En términos generales la práctica comienza con el reconocimiento de este patrón automático y como éste es potencialmente el responsable de muchas de las recaídas. Por lo tanto, es esencial comenzar la práctica ejercitando una observación, con las cualidades del mindfulness, sin juicio ni análisis, es decir, una observación más objetiva sobre un mecanismo que normalmente se ejecuta fuera del dominio consciente. De esta manera la persona entrena la capacidad para detectar y activar una modulación consciente de las conductas automáticas en aras de poder influir positivamente en aquellas relacionadas con el consumo.

    Paralelamente se trabaja con ejercicios formales, la observación de las sensaciones corporales. El ejercicio se llama exploración del cuerpo, y tiene la finalidad de hacer que el individuo pueda ejercitar la atención observando las señales sutiles o intensas que provienen de distintas partes del cuerpo. No tiene ninguna intención de relajar o producir un estado particular, aunque esto puede ocurrir en un gran porcentaje de las veces. La instrucción es que la persona sin expectativas y con una actitud de curiosidad observe individualmente las diferentes partes del cuerpo y las sensaciones que se originan, las piernas, caderas, espalda, abdomen, pecho, hombros, brazos y manos, cuello, cabeza y finalizando con la expansión de la consciencia para incluir todo el cuerpo. La segunda instrucción que se facilita, además de las sensaciones corporales, es la de detectar cuando la mente se distrae con otros pensamientos para amablemente volver a dirigir la atención de vuelta al ejercicio. Esta instrucción es común en todas las prácticas, y pretende desarrollar la concentración de manera que la persona pueda encauzar su atención en aquellos pensamientos positivos, y si detecta pensamientos negativos, como la compulsión por consumir, poder tener la habilidad de volver a dirigir la atención hacia los pensamientos positivos que promuevan un estilo de vida saludable.

    A continuación de estos entrenamientos, el programa se enfoca en desarrollar habilidades para el reconocimiento de cómo una experiencia real o imaginada, genera pensamientos, emociones y sensaciones físicas de manera automática. De esta manera la persona comienza un proceso de toma de consciencia sobre qué pensamientos, emociones y sensaciones físicas se generan con los distintos estímulos desencadenantes del craving para poder así activar mecanismos y estrategias para hacer frente al estímulo y sus consecuencias. De momento, la persona se encuentra en una fase del programa que promueve la observación, la auto-exploración con una actitud de curiosidad, apertura y aceptación. Además de ello, se practica un ejercicio llamado surfear el impulso, que trata sobre la mecánica y ritmos de las emociones e impulsos. Se dibuja una analogía de olas del mar y se plantea cómo surfear dicha ola hasta, ésta por sí sola, pueda ir perdiendo fuerza y energía. De esta manera se sientan las bases para la aceptación y comprensión de cómo un impulso por consumir no es más que otra ola, y que con las técnicas de respiración y visualización, la persona esperará a que el impulso por consumir cese.

    Los ejercicios del programa MBRP están diseñados para comenzar el entrenamiento de la observación y atención con estímulos externos y poco a poco ir dirigiéndolo hacia estímulos y fenómenos internos como los pensamientos y emociones.

    En los siguientes módulos se entrena a la persona en observar la naturaleza de los pensamientos, observándolos sólo como pensamientos, como un fenómeno más de la mente, y no como un reflejo fidedigno de la realidad. En los ejercicios relacionados con este contenido, los participantes comprenden la importancia de tomar con cierta perspectiva los pensamientos y aprender a desidentificarse de los contenidos y las emociones producidas por dichos pensamientos. Con una postura más distanciada, no alimentando la veracidad del pensamiento, como por ejemplo, “tengo ganas de consumir”, la persona aprende a “salir” del pensamiento, y observarlo desde fuera diciéndose “observo un pensamiento que dice que tiene ganas de consumir”. Este cambio de perspectiva, automáticamente cambia el contexto donde se está manifestando el pensamiento y por ende, la relación entre la persona y dicho pensamiento. De esta manera se busca que la persona cambie la reacción por una acción, siendo esta última una conducta reflexiva y consciente.

    En esta misma línea se trabajará con las emociones, así la persona puede etiquetar correctamente las emociones y comenzar el trabajo de transformar las negativas en positivas con la incorporación de la compasión. La compasión desde la definición de la Real Academia Española se define como un sentimiento de pena, de ternura y de identificación con los males de alguien, mientras que la compasión desde la cultura anglosajona y oriental, es una emoción más activa que por un lado reconoce el sufrimiento de alguien, pero que además, motiva para reducir dicho sufrimiento. Este concepto es el que se trabaja en los programas de intervención basada en mindfulness de manera que la persona a través de la compasión pueda generar emociones positivas y una mejor comunicación consigo misma y con los demás. Este estilo de comunicación y estado emocional puede facilitar el proceso generado por el efecto de violación de la abstinencia para que pueda disminuir la probabilidad de que una caída pueda desarrollarse en una recaída y en un abandono del tratamiento.

    La parte final del programa se destinará a contemplar el estilo de vida de los participantes con el fin de observar la interacción con personas y la realización de acciones que tras llevarlas a cabo, aportan satisfacción, mientras que otras sólo drenan energía por no ser del agrado de la persona. Se intenta buscar un equilibrio y una inclinación hacia el aumento de actividades que aporten satisfacción y reduzcan las que generan malestar. Se explora desde una postura de plena consciencia para detectar lo que realmente se puede hacer con una actitud de aceptación, comprensión y compasión. Finalmente, se trazan estrategias para generar una continuidad en la práctica tras finalizar el programa.

    En definitiva, algunos de los objetivos que se desean alcanzar con el programa de MBRP son los siguientes; reflejar las cualidades del mindfulness centradas en el presente, sin prejuicios y de aceptación de las experiencias que ocurren momento a momento, desarrollar el reconocimiento y observación de cualquier cosa que pueda surgir con curiosidad, ecuanimidad y compasión y con un foco centrado en el presente, generar habilidades que puedan ayudar a las personas a actuar en vez de reaccionar, fomenta un espacio no sólo de exploración y crecimiento sino también de inclusión y calidez humana, el conocimiento de las teorías básicas de la prevención de recaída, meditación mindfulness, y la mezcla de estas prácticas, aprendizaje experiencial, de manera que los participantes puedan practicar el manejo de sus pensamientos, emociones, sensaciones físicas e impulsos empleando las técnicas de meditación mindfulness y de prevención de recaídas y mejorar el estilo de vida e integrar las prácticas al día a día, prestando atención también para cuando el programa haya finalizado.

    Así mismo, el entrenamiento en los programas MBPR muestran una disminución de los días de consumo y los sujetos tienden a mantenerse más estables en el tiempo, esto se observa también  en la salud psicológica, evitación experiencial, craving, impulsividad y rasgos de mindfulness.

    Las intervenciones con mindfulness y relajación logran reducir el malestar como el estrés y ansiedad y aumentan estados emocionales positivos. El entrenamiento de mindfulness favorece el incremento de la habilidad para reducir los pensamientos distractores y obsesivos así como conductas compulsivas. Gracias al entrenamiento de una observación y atención objetiva libre de reacción, es decir sin juicio ni análisis, puede favorecer que los cambios puedan perdurar más en el tiempo ya que lograrían aportar las herramientas para gestionar mejor el craving por el consumo.

    El programa de MBRP hace a los sujetos con problemática adictiva más hábiles para observar sus experiencias y no reaccionar a las mismas, muy alineado con relación a la neurobiología de la adicción en donde el individuo carece de libertad para decidir dejándose llevar por un impulso compulsivo por consumir.